¿Aburrida Bruselas?
La ciudad belga ha aprovechado su condición de capital europea para convertirse en una urbe cosmopolita llena de planes culturales, un ‘shopping experience’ sorprendente y una vida nocturna que merece la pena descubrir.
Seguro que has escuchado a más de un amigo decir que Bruselas es una ciudad gris que el fin de semana se queda vacía, cuando los expatriados que trabajan en los organismos internacionales con sede en la capital belga huyen a sus lugares de origen. Pero la verdad es que la Bruselas más cool no vive alrededor de los expatriados, ni de la Unión Europea, ni de la OTAN. Compra y se divierte en barrios como Dansaert, Ixelles, Brugmann, Châtelain o Saint-Gilles.
El museo Magritte es de visita obligada
El Hotel The Dominican
Para ver. Si quieres salirte de las rutas más típicas y te gusta la arquitectura, te recomendamos que visites los muelles de Peniche. Allí está el descomunal
Tour & Taxis, la decimonónica aduana de mercancías, hoy escenario de muchos eventos.
El arte contemporáneo más puntero de Bélgica está en Wiels (www.wiels.org), una antigua fábrica de cervezas de estilo art déco en la que exponen y trabajan nuevos talentos. Y aunque ya forma parte de la “ruta oficial”, el
Museo Magritte, inaugurado en 2009, es otra visita obligada. Otro bonito ejemplo de este tipo de arquitectura de principios del siglo XX está en la plaza Flagey. Se trata de la primera sede de la radio belga (www.flagey.be), un edificio conocido como el paquebote por su perfil de barco de vapor y que ahora es la casa del mejor arte escénico y testigo de la cara más animada de la noche.
Para Comer. En el país de los mejillones y los gofres, debes probar la alta gastronomía franco-asiática en
Cospaia, un restaurante y bar de diseño en el exclusivo bulevar de Waterloo. Algo más populares, pero igual de buenos, son los restaurantes del barrio de Ixelles: Brasserie L’Ultime Atome, en la peatonalizada rue St. Boniface, o
L’Amour Fou, que ofrece hamburguesas de autor, DJ y clientela hipster, son dos recomendables.
Para Comprar. Ir de compras por Bruselas es una gozada. Hay tanto donde elegir que es difícil decidir qué barrio patearse. Rue Dansaert y alrededores es la zona de la moda con más tradición. En
Stijl cada diseñador belga de prestigio tiene su propio córner, pero si quieres más, prueba en la tienda de
Maison Martin Margiela, uno de los grandes de la moda flamenca; y en
Mapp, entregada a nuevos talentos.
En la zona de Marolles está el rastro diario de la plaza de Jeu de Balle, lleno de chollos, pero también los 1.000 laberínticos metros cuadrados de
Stefantiek, lo más parecido al desván de la abuela, lleno de sorpresas.
Brugmann y Châtelain, al sur del centro, son dos zonas a las que hay que ir si quieres descubrir cosas molonas:
Les Petits Riens-Retro Paradise (es una ONG que vende vintage de marcas de lujo;
Le typographe es una imprenta artesanal con papelería de texturas únicas y Peinture Fraîche (rue du Tabellion, 10) es una librería especializada en arte y cultura japoneses.
Para comer y comprar chocolate belga hecho delante de ti, prueba
Zaabär y para cómics,
Brüsel, buena y amplia selección y también exposiciones temporales.
Detalle del restaurante de diseño Cospaia
Tómate una cerveza en Le Cirio
Para Beber. Te damos solo unas pistas para que tú tires del hilo por tu cuenta y descubras nuevos garitos. En Flagey proponemos
Café Belga si te gusta estar a la última y Le Pantin (Chaussée d’Ixelles, 355) si eres más alternativo.
En Saint-Gilles nos quedamos con
Potemkine Bar, gente guapa y bailonga en sus dos plantas; y
Café Maison du Peuple Sur, con ambiente más intelectual y música en directo.
En Sainte-Catherine nos gusta
Madame Moustache, un circo de neones rojos con música en vivo o DJ hasta las 4 de la madrugada.
En el resto de la ciudad destacamos Le Cirio (rue de la Bourse, 18), para libar buenas cervezas o un half & half, bebida de su invención, junto a su elegantísima y madura clientela habitual; también merece la pena Le Chaff Place (Jeu de Balle, 21), por su atmósfera canalla y de artistas malditos.
Para Dormir. The Dominican fue convento y casa de artista. Ahora, como hotel integrado en la marca de calidad Design Hotels, es un refugio contra el ajetreo del centro. El precio, desde 140 €.
www.designhotels.com.
11/1/2013 | Textos: José María de Pablo. Fotos: Miguel Marqués
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